PAPÁ
Tu voz era trueno.
Rugido de autoridad. Bramido de decisión. Balido de determinación.
Pero nunca me pegaste, me gritaste, me castigaste, me obligaste.
Tu voz era el consejo. El aliento. La alabanza.
Me diste confianza. Esperanza.
Eras Superman y Batman.
Me revoleabas sobre tu cabeza como una pluma
Eras el más fuerte. El mejor.
Mi Superhéroe.
Me enseñaste todo.
El trabajo, la verdad, la lealtad.
Los principios y la ética.
Hubo un tiempo en que te cuestioné, te discutí, te peleé.
Necesitaba derribar la estatua para erigirme en su lugar como nuevo adulto.
Pero esa lucha terminó y volví a valorarte.
Ya no estás. Pero si estás.
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