SUELTOS
Sueltos. Solitarios. Solos.
Silenciosos en deseos y miedos.
Lectores electores, hablando con los héroes de sus libros.
Caminatas inmóviles.
Sueños y recuerdos. Proyectos y proezas. Engaños y rencores.
Con sus espejos y su libertad.
Hasta que un relámpago estalla las tinieblas.
El rio desvía su cauce. El pájaro no vuelve a su nido.
Se vieron. Se encontraron. Se dijeron. Se intrigaron. Se desearon.
Y solo la majestad del mar podía ser testigo de ese beso. Arrullando con su oleaje, acariciando con su salpicar, imponiendo sus fragancias.
Y fue el fin. O el principio.
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