AUSENCIAS

Éramos muchos. Éramos unidos. Éramos familia.

Éramos juntos.

Éramos amor. Éramos cariño. Éramos apoyo.

Abuelos, padres, hermanos, hijos. Cuñados, tíos, primos y sobrinos.

Fiestas, encuentros, alegrías.

Besos, abrazos, sonrisas.

Bromas,chistes, alegrías, anécdotas.

Críticas, burlas, gastadas, rencores.

Un mundo en una casa.

Todas las vidas, todas las experiencias, todas las victorias. Y fracasos, penas, tristezas.

¿Te acordas de…?

Éramos uno. Éramos todos.

La vida era nuestra.

Ningún buitre o vampiro sobrevolaba sobre nosotros.

Todo alegría y felicidad.

Pero los ríos no corren siempre. Tienen su desemboque en el mar donde se diluyen.

Las nieves se derriten. La lluvia inicia y cesa. El sol se esconde y viene la luna.

La vida se impuso. Con su opuesto.

Primero se llevó a uno. Lo lloramos. Se fue otro. Duplicamos el llanto.

Se fueron los abuelos, los padres, algunos hermanos y la peor tragedia. Un hijo.

Nada fue igual. Cada encuentro se manchó de tristeza, de añoranza, de nostalgia, de recuerdo, de pena. Por el ausente. Por los ausentes.

Fuimos desconsuelo, desconcierto, decepción.

Fuimos lágrimas, llantos, dolor.

Llegaron nuevas vidas pero no fue lo mismo.

Nos sentimos diezmados, desamparados, disminuidos.

Solos en nuestra compañía.

La felicidad eterna no existe. Es solo una ilusión de creernos inmortales.

Pero todo tiene un fin. Nada es eterno.

Disfrutemos el hoy. Porque el mañana traiciona.

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